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18.11.2016 Numero de prostitutas en españa 0

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Si bien logró el apoyo de la mayoría, se oyeron algunas voces de disenso. Había que definir si se aceptaba o no su propuesta: Es preciso condenar enérgicamente este mal" , respondieron varias congresales casi al unísono. La votación fue 32 a 14 a favor de la condena. El feminismo en Argentina, al igual que en todo el mundo, arrastra hasta el día de hoy un debate irresuelto que divide al movimiento: Existen al menos cuatro modelos normativos en discusión, dentro del feminismo y fuera de él: Al interior del feminismo, la cuestión genera fuertes tensiones.

Consideran a la prostitución un trabajo y, como tal, exigen que sea alcanzado por la legislación laboral, con derechos y obligaciones para quienes lo ejercen. Infobae dialogó con dos de sus referentes. Es una activista por los derechos de las mujeres, en especial, de las prostitutas. María Riot su nombre real es Florencia tiene 25 años. Es vegana, animalista, actriz porno y trabajadora sexual desde los Georgina trabaja en la calle, María no.

Georgina se inició primero en el trabajo sexual y luego en el feminismo. Tienen muy en claro lo que son y lo dicen con orgullo: La necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar así nuestra calidad de vida. Si se piensa que el trabajo sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces hay que abolir el sistema. Una opta dentro de las pocas posibilidades que tiene. En mi caso, ser niñera no me gustó porque no tengo paciencia con los chicos.

Como empleada administrativa me sentí super explotada, muy mal paga. A los 21 años me costaba mucho conseguir empleo o los sueldos eran muy bajos, siempre en negro. Soy de General Rodríguez y nunca podía alquilar en Capital, me costaba mucho estudiar y trabajar a la vez.

Viajaba muchísimo y mal. Tampoco tenía la posibilidad de que mis padres me paguen un departamento, como le ocurría a algunas compañeras. Busqué otra salida para mi vida y el trabajo sexual no era algo que veía de mala manera sino todo lo contrario. Las abolicionistas dicen que hay un abuso de poder del cliente hacia nosotras. No nos gusta que nos pongan en ese lugar de mujeres tontas, que no sabemos decidir qué precio ponerle a nuestra sexualidad y que el hombre viene y hace lo que quiere.

Los límites los ponemos nosotras. Obviamente hay situaciones de violencia que como movimiento de trabajadoras sexuales estamos reflejando todo el tiempo. Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado. Para el abolicionismo, toda transacción de dinero por sexo es violenta. Solo se puede vivir la prostitución como víctima. Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces.

Todas tienen que ser escuchadas. El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio.

Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir. Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo. Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no. Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo.

Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad. En , Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata.

Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios. No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador.

Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña. No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para mí es igualdad de género , pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando.

Varias asociaciones de profesionales del sexo, como Aprosex, Hetaira, Genera, Cats y Prostitutas Indignadas llevan tiempo defendiendo los derechos de este colectivo, la despenalización y la diferenciación clara con las redes de trata. Riot se refiere a Erika Lust , autora de cintas que apuestan por una mirada femenina donde la mujer no es utilizada como un objeto sexual, toma la iniciativa y explora sus propios placeres: Por el contrario, parecen estar furiosamente en contra de la prostitución las meapilas, las feministas aburridas, institucionales y conservadoras, la gente conservadora en general y nuestros padres y abuelos; con estos adversarios no parece quedar otra opción si una es moderna o políticamente radical que estar a favor.

También estarían a favor de la existencia de esta institución la gente religiosa que la ha aceptado siempre y que desde siempre la ha visto también como un mal menor y necesario para los hombres, siendo en cambio el feminismo el verdadero mal; por supuesto a favor estarían también quienes colaboran para que la prostitución exista y se incremente: Foucault también demostró que, en realidad, esta cultura no niega ni esconde el sexo, sino que, al contrario, lo multiplica para utilizarlo como gran mecanismo de alienación, control y normalización social; pero, para que dicho mecanismo funcione es necesario esconder su verdadera intención bajo los ropajes de lo transgresor, que es la manera de que sea asumido socialmente.

Creo que la excepcionalidad con que se recubre todo lo que tiene que ver con el sexo es la razón principal de que en la defensa de la prostitución se junten muy extraños compañerxs de cama. En mi opinión el feminismo abolicionista sí parece a veces, o al menos una parte de él, aquello de lo que a veces se le acusa: En el feminismo abolicionista hay de todo pero es verdad que su discurso central se ha quedado anticuado mientras que a nuestro alrededor todo cambiaba.

Para empezar, la prostitución no es sexo sino sexo masculino. Las mismas mujeres que se dedican a la prostitución ponen especial empeño en delimitar su propia vida sexual de su trabajo prostitucional. Claro que ellos necesitan creer que es así, que ellos les proporcionan placer, porque esa ilusión forma parte de la masculinidad hegemónica. Si ellos supieran lo que ellas piensan de ellos probablemente muchos no podrían sentirse a gusto, gozar. Creo que es porque la prostitución es uno de los pocos espacios que quedan que permite a algunos hombres poder seguir ejerciendo una masculinidad hegemónica que el feminismo ha puesto en cuestión.

Que es una institución patriarcal lo demuestra que los clientes son hombres y da igual que las personas que la ejerzan sean otros hombres, mujeres o mujeres transexuales.

Hay familias que lo aceptan y otras que no. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Servicio de distribución de libros y materiales críticos a librerías y distribuidoras alternativas. Y me supongo que las que la catalogo prostitutas feministas prostitutas pasaran por fuertes depresiones antes de caer al fin en el embrutecimiento emocional. Consideran a la prostitución un trabajo y, como tal, exigen que sea alcanzado por la legislación laboral, con derechos y obligaciones para quienes lo ejercen. Busqué otra salida para mi vida y el trabajo sexual no era algo que veía de mala manera sino todo lo contrario.

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